miércoles, 21 de enero de 2015



LOS SIETE SABERES NECESARIOS

Capítulo I. Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión
       La educación del futuro debe afrontar el problema desde  estos dos aspectos: error e ilusión. Error e ilusión parasitan la mente humana desde  la aparición del homo sapiens.
ü  La educación debe mostrar que no hay conocimiento que no esté, en algún grado, amenazado por el error y por la ilusión.
ü  El desarrollo del conocimiento es un medio poderoso de detección de errores y de lucha contra las ilusiones.
ü  La educación debe dedicarse a la identificación de los orígenes de errores,  de ilusiones y de ceguera.
ü  El sistema de ideas (teorías, doctrinas, ideologías) no sólo está sujeto al error sino que también protege los errores e ilusiones que están inscriptos en el.
ü  La racionalidad es el mejor pretil contra el error y la ilusión. En ella operan un ir y venir incesante fruto del debate argumentado de las ideas y no de la propiedad de un sistema de ideas.
ü  Son las ideas las que permiten concebir las carencias y los peligros de la ideas.
ü  El conocimiento del conocimiento que con lleva la integración del cognoscente de su conocimiento debe aparecer ante la educación como un principio y una necesidad permanente.

Capítulo II. Los principios de un conocimiento pertinente
       El conocimiento del mundo se vuelve una necesidad intelectual y vital al mismo tiempo. Para articular y organizar los conocimientos y así reconocer y conocer los problemas del mundo, es necesaria una reforma de pensamientos. Esta reforma es paradigmática y no paradigmática: es la pregunta fundamental para la educación, ya que tiene que ver con nuestra aptitud para organizar el conocimiento.
La educación deberá evidenciar:
·         El contexto: hay que ubicar las informaciones y los elementos en su contexto para que adquieran sentido.
·         Lo global: es el conjunto que contiene partes diversas globales de manera inter-retroactiva u organizacional.
·         Lo multidimensional: el ser humano o la sociedad son multidimensionales. El conocimiento pertinente debe de reconocer esta multidimensionalidad e insertar allí sus informaciones.
·         Lo complejo: cuando son inseparables los elementos diferentes que constituyen un todo.
La educación debe favorecer la aptitud natural de la mente para hacer y resolver preguntas esenciales y correlativamente estimular el empleo total de la inteligencia general.

Capítulo III. Enseñar la condición humana
       La educación del futuro deberá ser una enseñanza primaria y universal centrada en la condición humana. Conocer al humano es situarlo en el universo y a la vez separarlo de él.
ü  La importancia de la hominización es capital para la educación de la condición humana, porque ella nos muestra como la animalidad y la humanidad constituyen juntas nuestra humana condición.
ü  El humano es un ser plenamente biológico y cultural, pero si no dispusiera plenamente de la cultura sería un primate del más bajo rango. La cultura acumula en sí lo que conserva, transmite, aprende; ella comporta normas y principios de adquisición.
ü  Todo desarrollo verdaderamente humano significa desarrollo conjunto de las autonomías individuales de las participaciones comunitarias y del servicio de pertenencia humana.

Capítulo IV. Enseñar la identidad terrenal
       Hace falta comprender tanto la condición en el mundo, como la condición en el mundo, como la condición del mundo humano que a través de la historia moderna se ha vuelto la de la era planetaria.
Lo que agrava la dificultad de conocer nuestro mundo es el modo de pensamiento, que ha atrofiado en nosotros,  en de desarrollar la aptitud de contextualizar y globalizar mientras que la exigencia de la era planetaria es pensar la globalidad, la relación todo-partes, su multidimensionalidad, su complejidad. La unión planetaria es la exigencia racional mínima de un mando limitado e interdependiente. Tal unión necesita de una conciencia y de un sentido de pertenencia mutua que nos ligue a nuestra tierra considerada como primera y última patria.
Es necesario aprender a “estar ahí” en el planeta. Aprender a “estar ahí” quiere decir: aprender a vivir, a compartir, a comunicarse, a comulgar; es aquello que solo aprendemos en y por las culturas singulares.

Capítulo V. Enfrentar las incertidumbres
       Los siglos anteriores creyeron en un futuro repetido o progresivo. El siglo XX ha descubierto la pérdida del futuro, es decir, su impredecibilidad. Esta toma de conciencia debe estar acompañada de otra retroactiva y correlativa: la de la historia humana que ha sido y sigue siendo una aventura desconocida.
Toda evolución es el logro de una desviación cuyo desarrollo transforma el sistema donde ella misma ha nacido: ella desorganiza el sistema reorganizándolo. No hay evolución que no sea desorganizada/reorganizadora en su proceso de transformación. También existen las destrucciones, estas pueden traer nuevos desarrollos, así como los desarrollos de la técnica, la industria y el capitalismo han arrastrado la destrucción de las civilizaciones tradicionales. 
El hombre enfrentando a las incertidumbres es arrastrado hacia una nueva aventura. Hay que aprender a enfrentar la incertidumbre puesto que vivimos una época cambiante donde los valores son ambivalentes, donde todo está ligado.

Capítulo VI. Enseñar la comprensión
       El problema de la comprensión se ha vuelto crucial para los humanos. Y por esta razón debe ser una de las finalidades de la educación para el futuro. Se encuentra la misión espiritual de la educación al enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad.
La comunicación no conlleva comprensión. La información, si es bien transmitida y comprendida, conlleva inteligibilidad.
Lo que favorece la comprensión es:
·         El bien pensar: permite aprender en conjunto  el texto y el contexto, el ser y su entorno, lo local y lo global, lo multidimensional, en su resumen lo complejo, es decir, las condiciones del comportamiento humano.
·         La introspección: permite descentrarnos relativamente con respecto de nosotros mismos, y por consiguiente reconocer y juzgar nuestro egocentrismo. Nos permite dejar de asumir la posición de juez en todas las cosas.

Capítulo VII. La ética del género humano
       Los individuos son más que el producto del proceso reproductor de la especie humana, pero este mismo proceso es producido por los individuos de cada generación. Las interacciones entre individuos producen la sociedad y ésta retro actúa sobre los individuos.
Una ética propiamente humana, es decir, una antropo-ética donde surge nuestra conciencia y nuestro espíritu propiamente humano. La antropo-ética conlleva la esperanza de lograr la humanidad como conciencia y ciudadanía planetaria. Comprende como toda ética una aspiración y una voluntad pero también una apuesta a lo incierto.
La democracia permite la relación rica y compleja donde los individuos y la sociedad pueden entre sí ayudarse, desarrollarse, regularse y controlarse. Necesita del consenso de la mayoría de los ciudadanos y del respeto de las reglas democráticas. La democracia constituye por consiguiente un sistema político complejo cuando vive de pluralidades, competencias y antagonismo permaneciendo como una comunidad. 

La comunidad de destino planetario permite asumir y cumplir esta parte de la antropo-ética que concierne a la relación entre el individuo singular y la especie humana como todo. 

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