LOS SIETE SABERES NECESARIOS
Capítulo I. Las cegueras del
conocimiento: el error y la ilusión
La educación del futuro debe afrontar el
problema desde estos dos aspectos: error
e ilusión. Error e ilusión parasitan la mente humana desde la aparición del homo sapiens.
ü La
educación debe mostrar que no hay conocimiento que no esté, en algún grado,
amenazado por el error y por la ilusión.
ü El
desarrollo del conocimiento es un medio poderoso de detección de errores y de
lucha contra las ilusiones.
ü La
educación debe dedicarse a la identificación de los orígenes de errores, de ilusiones y de ceguera.
ü El
sistema de ideas (teorías, doctrinas, ideologías) no sólo está sujeto al error
sino que también protege los errores e ilusiones que están inscriptos en el.
ü La
racionalidad es el mejor pretil contra el error y la ilusión. En ella operan un
ir y venir incesante fruto del debate argumentado de las ideas y no de la
propiedad de un sistema de ideas.
ü Son
las ideas las que permiten concebir las carencias y los peligros de la ideas.
ü El
conocimiento del conocimiento que con lleva la integración del cognoscente de
su conocimiento debe aparecer ante la educación como un principio y una
necesidad permanente.
Capítulo II. Los principios de un
conocimiento pertinente
El conocimiento del mundo se vuelve una
necesidad intelectual y vital al mismo tiempo. Para articular y organizar los
conocimientos y así reconocer y conocer los problemas del mundo, es necesaria
una reforma de pensamientos. Esta reforma es paradigmática y no paradigmática:
es la pregunta fundamental para la educación, ya que tiene que ver con nuestra
aptitud para organizar el conocimiento.
La
educación deberá evidenciar:
·
El contexto: hay que ubicar las informaciones
y los elementos en su contexto para que adquieran sentido.
·
Lo global: es el conjunto que contiene partes
diversas globales de manera inter-retroactiva u organizacional.
·
Lo multidimensional: el ser humano o la
sociedad son multidimensionales. El conocimiento pertinente debe de reconocer
esta multidimensionalidad e insertar allí sus informaciones.
·
Lo complejo: cuando son inseparables los
elementos diferentes que constituyen un todo.
La
educación debe favorecer la aptitud natural de la mente para hacer y resolver
preguntas esenciales y correlativamente estimular el empleo total de la
inteligencia general.
Capítulo III. Enseñar la condición
humana
La educación del futuro deberá ser una
enseñanza primaria y universal centrada en la condición humana. Conocer al
humano es situarlo en el universo y a la vez separarlo de él.
ü La
importancia de la hominización es capital para la educación de la condición
humana, porque ella nos muestra como la animalidad y la humanidad constituyen
juntas nuestra humana condición.
ü El
humano es un ser plenamente biológico y cultural, pero si no dispusiera
plenamente de la cultura sería un primate del más bajo rango. La cultura
acumula en sí lo que conserva, transmite, aprende; ella comporta normas y
principios de adquisición.
ü Todo
desarrollo verdaderamente humano significa desarrollo conjunto de las
autonomías individuales de las participaciones comunitarias y del servicio de
pertenencia humana.
Capítulo IV. Enseñar la identidad
terrenal
Hace falta comprender tanto la condición
en el mundo, como la condición en el mundo, como la condición del mundo humano
que a través de la historia moderna se ha vuelto la de la era planetaria.
Lo
que agrava la dificultad de conocer nuestro mundo es el modo de pensamiento,
que ha atrofiado en nosotros, en de
desarrollar la aptitud de contextualizar y globalizar mientras que la exigencia
de la era planetaria es pensar la globalidad, la relación todo-partes, su
multidimensionalidad, su complejidad. La unión planetaria es la exigencia
racional mínima de un mando limitado e interdependiente. Tal unión necesita de
una conciencia y de un sentido de pertenencia mutua que nos ligue a nuestra
tierra considerada como primera y última patria.
Es
necesario aprender a “estar ahí” en el planeta. Aprender a “estar ahí” quiere
decir: aprender a vivir, a compartir, a comunicarse, a comulgar; es aquello que
solo aprendemos en y por las culturas singulares.
Capítulo V. Enfrentar las incertidumbres
Los siglos anteriores creyeron en un
futuro repetido o progresivo. El siglo XX ha descubierto la pérdida del futuro,
es decir, su impredecibilidad. Esta toma de conciencia debe estar acompañada de
otra retroactiva y correlativa: la de la historia humana que ha sido y sigue
siendo una aventura desconocida.
Toda
evolución es el logro de una desviación cuyo desarrollo transforma el sistema
donde ella misma ha nacido: ella desorganiza el sistema reorganizándolo. No hay
evolución que no sea desorganizada/reorganizadora en su proceso de
transformación. También existen las destrucciones, estas pueden traer nuevos
desarrollos, así como los desarrollos de la técnica, la industria y el
capitalismo han arrastrado la destrucción de las civilizaciones
tradicionales.
El
hombre enfrentando a las incertidumbres es arrastrado hacia una nueva aventura.
Hay que aprender a enfrentar la incertidumbre puesto que vivimos una época
cambiante donde los valores son ambivalentes, donde todo está ligado.
Capítulo VI. Enseñar la comprensión
El problema de la comprensión se ha
vuelto crucial para los humanos. Y por esta razón debe ser una de las
finalidades de la educación para el futuro. Se encuentra la misión espiritual
de la educación al enseñar la comprensión entre las personas como condición y
garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad.
La
comunicación no conlleva comprensión. La información, si es bien transmitida y
comprendida, conlleva inteligibilidad.
Lo
que favorece la comprensión es:
·
El bien pensar: permite aprender en
conjunto el texto y el contexto, el ser
y su entorno, lo local y lo global, lo multidimensional, en su resumen lo
complejo, es decir, las condiciones del comportamiento humano.
·
La introspección: permite descentrarnos relativamente
con respecto de nosotros mismos, y por consiguiente reconocer y juzgar nuestro
egocentrismo. Nos permite dejar de asumir la posición de juez en todas las
cosas.
Capítulo VII. La ética del género humano
Los individuos son más que el producto
del proceso reproductor de la especie humana, pero este mismo proceso es
producido por los individuos de cada generación. Las interacciones entre
individuos producen la sociedad y ésta retro actúa sobre los individuos.
Una
ética propiamente humana, es decir, una antropo-ética donde surge nuestra
conciencia y nuestro espíritu propiamente humano. La antropo-ética conlleva la
esperanza de lograr la humanidad como conciencia y ciudadanía planetaria.
Comprende como toda ética una aspiración y una voluntad pero también una
apuesta a lo incierto.
La
democracia permite la relación rica y compleja donde los individuos y la
sociedad pueden entre sí ayudarse, desarrollarse, regularse y controlarse.
Necesita del consenso de la mayoría de los ciudadanos y del respeto de las
reglas democráticas. La democracia constituye por consiguiente un sistema
político complejo cuando vive de pluralidades, competencias y antagonismo
permaneciendo como una comunidad.
La
comunidad de destino planetario permite asumir y cumplir esta parte de la
antropo-ética que concierne a la relación entre el individuo singular y la
especie humana como todo.
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